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jueves, 26 de julio de 2007

Pajaritos





Lari quiso venir a ver lo que estoy haciendo en la computadora. Fue por una silla de la cocina y se sentó junto a mí para observarme, pese a mi advertencia de que sería algo aburrido. Nunca un ejemplo acompañó mas redondamente lo que alguien quiso sentarse a escribir.
Es sobre Cami. Es sobre lo que me produce el crecimiento imparable de Cami. Todos los chicos crecen, tienen una orden biológica que los empuja a constituirse en adolescentes, luego jóvenes y mas tarde adultos. Yo mismo sé que crezco, aunque en nuestra edad posiblemente sea menos notorio. Hasta pienso que en los treinta y tantos, uno se inclina mas a hacerlo por el lado del espíritu. Puede ser que sea un poco mas sabio, aunque no estoy tan seguro.
Ella, poquito a poco, va queriendo mover las alas. Es muy sutil, apenas tiene diez, pero compruebo día a día cómo muta. Estoy feliz por eso, pero un poquito impresionado.
Me impresiona cómo cambiaron sus gustos. De mirar los dibus con papi va pasando a chatear con sus amigas; nada hay mas importante que su pelo; una larga lista de cosas se mantienen lejos de mi conocimiento. Y un chico del grado está señalado como novio, aunque tal cosa no vaya mas allá de lo nominal. En realidad, podría hacer un mundo de esto último, pero no pasa por los celos la cosa.
Me impresiona que se acerque a nuestro universo, el de los mayores. Muchos a esta edad (la mía) tienen resuelto el futuro de sus hijos. Sea cual sea el camino que elijan, tienen banca de sobra para allanarles el camino. Yo, por el contrario, me desvelo pensando en futuros mas inmediatos, no muy asegurados para mis hijas, esposa y yo mismo. Vivimos mas bien en torno del presente.
Así que la incorporación de Cami, si bien falta mucho para que sea completa, me aporta un dejo de bronca, sabiendo que -por ahora- su vida será también de luchas. Quisiera que sean pocas y poder acompañarla todo lo que pueda.
Siempre creí que dejando de ser chico uno se encontraría con todas las respuestas. Vengo a descubrir que no, que lo que hay mas allá de la adolescencia son mas y mas preguntas. Como decía ese graffiti del mayo francés: cuando teníamos todas les respuestas nos cambiaron las preguntas.
Confieso que en este asunto hay mucho del dolor de perder los superpoderes. Dice la psicología que cuando niños vemos a nuestros padres como superhéroes, capaces de conseguir lo que sea y combatir a cualquier enemigo. Cami está en la edad en que mi capa empieza a verse gastada, nota los costurones y mi falta de musculatura. Me voy transformando en un tipo normal, algo neurótico, que desayuna con ella mientras la S de mi pecho se despega y queda colgando. Así debe ser seguramente, debe ser lo conveniente. Tal vez en el fondo su fantasía tan vívida hizo que yo mismo me la crea. Y ahora, enfrentado a mi condición humana normal, está claro que necesitaré cada vez mas de su ayuda y comprensión.
Puede sonar cursi pero sé que algo podré ofrecerle mas que nadie del pasado o del futuro: el mas inmenso amor que alguien pueda sentir.
Uno ama de mil formas. Ama a sus padres, ama a su perro, ama profundamente a su mujer. Nada puede compararse al amor que sentimos por nuestros hijos. Ellos nos hacen especiales, generosos, nos redimensionan sacándonos de nuestro ombliguismo innato. Desde que ven la luz nuestra propia luz se ve duplicada, desde que caminan redoblamos el paso, desde que se expresan somos una cabeza con dos bocas, un tronco con cuatro brazos. Vamos con ellos a la bandera, peleamos con ellos por un puesto en el tobogán, nos aburrimos, nos golpeamos y hacemos raspones.
Será por eso que nos da como un crujido al ver que crecen. Es un pequeño y necesario divorcio, el que les permitirá rehacer sus vidas y permitirles estas mismas sensaciones. La cuenta de teléfono y la de Internet, la nafta del auto para llevarlos y traerlos de piyamas party, los regalitos para el día del amigo, son los costos monetarios de ese enorme pasaje al crecimiento. Lo que queda de infancia y adolescencia será el momento en que permanezcamos en la estación hasta que llegue el día en que los veremos partir. Y nos partiremos como un queso. Y será necesario reconfigurar esa unión, unir muchos alargues para llegar tan lejos como ellos lleguen.
Estoy exagerando, ya se. Tan solo tiene diez. Tengo muchos años para verla en el nido y para ser yo quien de la cara por ella (y no ESE que quiere ser futbolista y escucha a Bob Marley y cuya familia va de pesca y que es amigo de fulano y de mengano, y del quien ya conozco toda la vida porque me la van contando de a cachos aunque no quiera).
Con Pluto nos miramos. Lo sostengo por el cuello y su cabeza de trapo ladeada me pregunta adónde irá a parar esa princesita que se peina y arma bolsitos para irse con las amigas y que cada tanto viene a ver la obra de títeres con carita tierna. Lara, que juega con todos los muñecos de la casa, sabe que Pluto es solo de Cami y que el perrito siempre la espera para irse juntos a dormir.
Te amo chiquita preciosa, la que ya bailaba en las ecografías. Este pajarón (superpájaro para Lari), tiene siempre un ala extendida para vos, sea para señalarte destinos de vuelo o para cobijarte de la lluvia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es hermoso lo que escribís para Cami.
Te aseguro que a tus hijas siempre les va a hacer falta tu ala protectora por más que tengan a ESE al lado.
Nélida

Anónimo dijo...

absolutamente conmovedor. Suze